PVC, ftalatos y dioxinas

El problema

El PVC (Policloruro de vinilo), el plástico más utilizado en los productos de uso médico, puede ser peligroso para los pacientes, el medio ambiente y la salud pública. Como resultado de ello, existe una tendencia creciente a buscar alternativas al PVC para los elementos clínicos y otros productos, entre ellos ciertos materiales para la construcción.

El PVC utiliza sustancias químicas tóxicas y genera impactos ambientales negativos durante su producción, uso y disposición.

La fabricación de PVC insume grandes cantidades de cloro. Por su parte, la fabricación de cloro consume mucha energía, y algunas fábricas incluso utilizan materiales tóxicos como mercurio o amianto en sus procesos. Una vez obtenido el cloro, la siguiente etapa consiste en la producción de dicloroetileno, seguido de cloruro de vinilo, la base del PVC. Estos procesos generan dioxinas, sustancias altamente tóxicas que constituyen uno de los contaminantes orgánicos más persistentes conocidos por la ciencia. Se ha demostrado que tanto el cloruro de vinilo como las dioxinas son carcinogénicos humanos ciertos.

La fase de uso del PVC es la que implica el mayor riesgo directo para los pacientes en los hospitales. 

En su forma pura, el PVC es rígido y quebradizo. Sólo puede utilizarse en productos de consumo masivo mediante el agregado de modificadores químicos, muchos de los cuales son peligrosos. El aditivo más común en los insumos médicos de PVC es un flexibilizante o plastificante denominado di(2-etilhexil) ftalato (DEHP, por su sigla en inglés).

El DEHP pertenece a un grupo de sustancias químicas denominadas ftalatos, cuyo uso está cada vez más restringido debido a sus efectos tóxicos.

El DEHP puede migrar directamente hacia el cuerpo del paciente desde productos tales como los catéteres intravenosos. En la actualidad las asociaciones médicas y organismos gubernamentales de diversos países admiten que existen riesgos, especialmente para los pacientes más vulnerables, y proponen reemplazar los productos que contienen PVC y DEHP por sus alternativas.

Un número cada vez más grande de hospitales, sistemas de salud, comunidades y fabricantes de todo el mundo están reduciendo el uso de PVC y DEHP. Si bien Europa, Estados Unidos y Japón lideran este movimiento, existen iniciativas incipientes en los países en desarrollo, lo que demuestra una tendencia ascendente en los países del sur.

Por ejemplo, en Buenos Aires, Argentina, la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Rivadavia ha reemplazado la mayoría de los insumos que contienen DEHP por alternativas de silicona.

También en Argentina, el Ministerio de Salud prohibió el uso de ftalatos en los mordillos y artículos de puericultura.

El PVC se recicla en muy pocos casos. Por lo general, se lo incinera o dispone en rellenos sanitarios. Siempre que se queman residuos que contienen cloro, se producen dioxinas. En EE. UU., en la década del '90, los incineradores de residuos hospitalarios produjeron el 40% de la totalidad de las dioxinas liberadas al ambiente. Actualmente, este país utiliza tecnologías alternativas a la incineración para la mayor parte de sus residuos hospitalarios. La Organización Mundial de la Salud recomienda que no se quemen los residuos hospitalarios que contengan PVC y la India lo prohíbe.

Para leer más sobre de formas ambientalmente racionales de disponer los residuos hospitalarios, visite nuestra página de residuos hospitalarios.